lunes, 31 de mayo de 2010

MADRE DE LA ESPERANZA, Madre de la oración. Pontmain, Francia, 1871

Se aparece María en 1871 en este pueblo francés, en plena guerra francoprusiana. En enero de 1871 la situación de Francia era angustiosa. Derrotada por Alemania, París ocupado, el Emperador prisionero con 300.000 soldados... el ejército alemán avanzaba incontenible. Pero en toda Francia se elevaron oraciones a Dios. El 11 de enero, en la diócesis de Poitiers, se hizo el voto nacional de construir en París la basílica de Monmartre al Sagrado Corazón de Jesús. El día 17 el obispo de Nantes hizo también voto de construir una iglesia al Sagrado Corazón. En París se oraba con intensidad a la Virgen en todas las iglesias. Y ese mismo día 17 de enero, en que la línea del frente se encontraba cerca del pueblo de Pontmain, la Virgen se aparecía y les decía a los niños: “Orad, hijos míos, Dios os escuchará pronto. Mi Hijo se deja conmover”. Por eso, esta aparición es considerada como una respuesta a tantas oraciones en todo el país. En ese pueblo, toda la población oraba con fervor para ser protegida.

El párroco había consagrado a María a los 38 jóvenes que habían partido a la batalla y que, después, volvieron todos sanos y salvos. Ese día, 17 de enero, Eugenio Barbedette de doce años y su hermano José de diez, vieron sobre el techo de una casa vecina, en la noche nevada y brillante de estrellas, la figura de María. Otras dos niñas, Francisca Richer de once años y Juana María Labosse de nueve, también la vieron. A las nueve de la noche terminó todo. Horas más tarde, los alemanes cambiaron de táctica y se retiraron del lugar. Hay que anotar que la Virgen protegió también a este pueblo de Pontmain el 12-9-1914 en la batalla del Marne, cuando el ejército alemán detuvo repentinamente su avance al ver en el cielo a la Virgen blanca. Y en la guerra de 1939-1945 no cayó ni una bomba sobre este pueblo y todos sus soldados regresaron con vida. Sobre los videntes, Eugenio y José se hicieron sacerdotes. Juana fue religiosa y, solamente, Francisca quedó en el mundo, terminando sus días como ama de llaves del sacerdote Eugenio Barbedette.

El obispo autorizó el culto bajo la advocación de Nuestra Señora de la Esperanza. Pío IX rezaba todos los días a Nuestra Señora de la Esperanza. León XIII concedió indulgencias. Pío XI aprobó una misa en su honor. Pablo VI invitó varias veces a orar a la Virgen de Pontmain, que cada año es visitada por miles de peregrinos.

Aprobación eclesiástica
En la fiesta de la Purificación, 2 de febrero, 1872, el obispo Wicart de la diócesis de Laval, publicó una carta pastoral otorgando aprobación canónica a la aparición.

El Papa Pío XI concedió la misa y el oficio en honor a Nuestra Señora de la Esperanza de Pontmain.

La Virgen fue coronada solemnemente por el Cardenal Verdier, Arzobispo de París el 24 julio de 1934.

En la actualidad hay una Basílica de Nuestra Señora de la Esperanza en Pontmain
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